Gypsy Style

Debrayes, Despapayes y Ayes de Carlos El Gitano

Xiomara – Parte 2

Todos en San Lázaro tenían una rutina matinal. Las mujeres se levantaban muy temprano para preparar un vaso de matunal, la bebida a base de tunas, maíz y otros ingredientes que los hombres bebían antes de irse al campo a trabajar, o atender sus negocios y oficios.  Los niños bebían leche y desayunaban tuna en trozos cubiertos de miel antes de partir para la escuela. Doña Carmita abría la puerta de su casa a las siete en punto para vender las bolas de masa de maíz para tortillas y las bolas para preparar el delicioso matunal, en variantes blanco y con cacao. Don Nacho León, el bisabuelo de Carlos León, abría su local y se ponía a barrer la entrada y a acomodar sus botellas con menjurjes. Era un hombre muy metódico y detallista, como buen alquimista que era.
 
La escuela quedaba en la lomita, a menos de 5 minutos caminando desde cualquier casa. Como solo tenía 3 salones y todo el conocimiento del mundo cabía en 3 libros, solo los niños tenían que ir a la escuela. Los jóvenes (que ya sabían todo el conocimiento del mundo) ayudaban en el campo o en algún oficio, eso sí que requiere muchos años para aprenderse.
 
Carlos León hacía cosas que la gente necesitara. Si necesitaban un morral hacía un morral, si necesitaban un candil hacía un candil, si necesitaban un caballo hacía un caballo. Mientras trabajaba en un hacer una sombrilla pensaba en la noche anterior, Xiomara se veía tan hermosa, recostada en la arena en completa paz, enamorada de la luna, con su vestido blanco parecía haberse caído del cielo y estar flotando en aguas calmas como un pétalo de flor… Carlos se detuvo repentinamente, la sombrilla que estaba haciendo parecía ya una flor, tuvo que ponerse a corregirlo.
 
Pensó también en lo que le había contado la China (su prima) sobre la estadía temporal de Xiomara, por lo que si quería acercarse a ella tenía que ser ya, cada día que pasaba era un día menos para estar a su lado. Su problema eran las palabras, nunca había sido muy bueno con las palabras; por eso hacía cosas, sus manos se expresaban mejor que sus labios. Si tan solo fuese tan fácil…

Se le ocurrió ir a visitar al maestro Castillo, quien era escritor, y seguramente podría ayudarle a expresar lo que sentía. Era pasada la hora de la comida cuando salió, a esa hora el pueblo dormía la siesta; las calles estaban vacías y silenciosas, inclusive los perros descansaban a la sombra de alguna casa, resguardándose del sol en su punto más cálido. Carlos caminaba impasible, era conocido por no sentir calor, ni frío, ni cansancio, ni dolor, ni miedo; y sin embargo con Xiomara se sentía tan… inseguro, su corazón se aceleraba, su piel perdía el color, y su cerebro no podía pensar en algo más que "me gustas".

Obviamente esa no podía ser la primera frase que le dirigiera. Sería tan tonto, seguro que varios se lo han dicho antes.

Ciertamente Carlos nunca había entablado conversación con ella, es más, ni siquiera habían cruzado las miradas. Sin embargo en esos días el amor era mucho más simple; bastaba con mirar a alguien reír, verla bailar en la calle sin importar lo que los demás piensen, saber que canta en las mañanas y que pasa las noches admirando la luna, para saber que era una persona especial, para enamorarse.

Al dar la vuelta a una esquina la vio al final de la cuadra, cruzando la calle, con su andar tan peculiar que hacía su cabello danzar sobre su espalda. Carlos comenzó a respirar con dificultad, por un momento se quedó paralizado y luego se escondió rápidamente detrás de la esquina, mientras la veía desaparecer del otro lado de la calle. Recostado en la pared se dejó deslizar hasta el suelo, mientras recuperaba el aliento y se reprochaba su reacción.. ¿esconderse? Se sentía tan fuera de sí cada vez que se trataba de ella.

– Carlitos!! – Exclamó con sorpresa el maestro Castillo al abrir la puerta. – ¿Qué te trae por aquí? –

– Buenas tardes maestro… ¿no interrumpo? –

– Para nada, para nada, acabo de terminar con unas… asesorías. De hecho me da gusto verte por aquí. –

– ¿Se le ofrece algo maestro? –

– Sí, pero todo en su momento y en su lugar. Ahorita tú eres la visita y yo el anfitrión, ¿en qué puedo ayudarte? –

– Pues… no sé cómo decirlo… ammm… hay… alguien que me gusta y pues… no sé… cómo decírselo, cómo acercarme a ella… y… eso. –

– Aaaah, ya veo… ¿y quién es esta chica especial? –

– ……… Xiomara –

– Oh sí, ella es única… tienes buen gusto Carlitos, y me atrevo a decir que harían una bonita pareja. Aunque… sabes que ella no estará aquí mucho tiempo verdad? –

– Ya me dijeron –

– Y aún así quieres estar con ella –

– Aunque fuera por solo un minuto –

– Bien, te voy a ayudar… –

 

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3 pensamientos en “Xiomara – Parte 2

  1. Ana María en dijo:

    Ayer, con las prisas, no me di cuenta de la perla que me dejaste.Gracias, muchas gracias por compartirla conmigo.Y sabes? De esa quietud de la que hablas, la sentí.

  2. Ana María en dijo:

    Serás cabroncete…lo has dejado en el punto más interesante.Espero que no tardes en hacerlo, en seguir.Quiero saber como le ayuda.Te beso, siempre

  3. Porfirio en dijo:

    quiero saber lo demas, por favor sigue escribiendo

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